Arturo Goicoechea

Cuando alguien tiene noticia de algo contrario a sus convicciones, pone en marcha, con más o menos consciencia e intención, mecanismos mentales dirigidos a preservarlas frente a la amenaza del ataque que implica lo que se dice o dicen que se dice.

Las creencias funcionan como una propiedad, una residencia en la que se cobija el YO. En ocasiones lo que se dice es contrario a lo que se cree y el YO reacciona de inmediato, protegiendo sus bienes mentales. Esas ideas no son “de las nuestras”.

Una estrategia defensiva es la de ignorar las propuestas novedosas.

– No sé lo que dice ni me interesa.

Si a uno le va bien, para qué arriesgarse. Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer. Ni qué decir si lo conocido genera beneficio, al menos, aparente.

No se comprende bien, sin embargo, la negativa a considerar un marco nuevo…

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